13 de marzo de 2011

Donato García Sánchez

Esta entrada se la dedico a la memoria de mi abuelito que esta noche dejó de estar entre nosotros. A pesar de que la mayor parte de mi vida viví lejos de él tengo muchos recuerdos gratos.
Era una persona seria y un tanto osca... y ciertamente creo que heredé su carácter; sin embargo, las pocas veces que pudimos platicar me contaba con cierto entusiasmo sus aventuras de cuando era joven y trabajaba en el Sanatorio Español como velador.
Aunque fue un padre duro con sus hijos nunca los dejó sin comer un solo día, había navidades de abundancia y regalos para el día de los Reyes Magos. Siempre lo admiré por haber tenido un jeep, porque su lectura (no se si favorita) siempre fue la biblia y ¿cómo olvidar que me enseñara una estrofa de la canción de "amor chiquito"?...
A pesar de que nunca convivimos tanto hoy lo extraño, el saber que ya no está "ahí" me deja un enorme vacío y no se por qué, sus últimas fotos me llenaron de tanta tristeza que sería egoista tenerlo a la fuerza en este mundo, seguramente al fin esta ya corriendo como cuando era un muchachito y al fin después de casi treinta años, cerca de su Conchita Martínez a quien nunca conocí.
Abuelito, seguramente ya estas en el cielo, y desde allá... échame un ojillo de vez en cuando, cuida a papá que siempre quizo arreglar sus diferencias contigo y que justamente ahora viaja mil kilómetros para darte tu último adios seguramente con un beso con todo el corazón.
Solamente te nos adelantaste en el camino abuelito y pronto... nos volveremos a reunir.
(1919-2011)
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Actualización:
Hoy fue grato para mi enterarme que segundos antes de morir pediste que abrieran la puerta para que tu Conchita Mtz pudiera entrar y llegara por ti. Tu cuerpo se quedó entonces sin energía y te apagaste como una velita que ya consumió todo el oxígeno que había en la habitación. Te fuiste en paz, sin dolor y tranquilo. Ahora, descansa en paz abuelito.

1 comentario:

Kiddo dijo...

ABRAZO.

Es verdad, se adelantan y allá los esperan ya sus seres queridos que partieron antes. No somos eternos, y así hay que ver a la muerte ajena, duele, pero es inevitable.

Un beso.