17 de noviembre de 2015

Como iniciar una historia de amor.

Era una vez dos chicos, él de Monclova y ella de Saltillo que no se conocieron hasta que un día un grupo otaku los unió. Cada uno por su lado sabían que ese nido de freaks no era para ellos, pero el ambiente, la camaradería y uno que otro gusto en común los mantenía ahi uno que otro sábado.
Él era cuatro años más grande que ella, así que cuando ella tenía 19 años lo veía a él como todo un hombre guapo, joven, independiente, autosuficiente, serio... él era todo un "sempai" del que cualquier chica universitaria podría estar enamorada; él por su parte no la hacía en el mundo.
Y así pasaron cerca de seis años sin saber el uno del otro hasta que un buen día la hermana de ella chateaba enjundiosamente con alguien, y se carcajeaba y se reía y se mofaba hasta que ella supo que su hermana chateaba con él. Ella sorprendida de que él aun estuviera en contacto con su hermana decidió enviarle saludos "por si él se acordaba de ella", cosa que era dudosa ya que habían pasado más de cinco años sin comunicación, además nunca habían sido amigos y a duras penas se consideraba "una conocida" de él. (Nota del autor: además que en esos cinco años de ausencia física ella conocía un secreto de amores y desamores que metían algo de ruido a cualquier intento de acercarse a él).
Al cabo de unas horas esos saludos enviados se conviertieron en un "pues pásame su correo para agregarla al messenger" y al calor de pláticas incómodas sin temas de conversación en común fueron sumandose los días de conversaciones por chat hasta que empezaron a convertirse en semanas, meses...
Un buen día entre pláticas de chat él se enteró que ella hacía una maestría e inmediatamente se interesó en todo lo que ella hacía, quería ir a visitarla a ese mágico lugar donde en esos tiempos ella era la señorita popularidad de 24 años y con un futuro prometedor dentro de la investigación científica (o la industria). Asi que fácilmente ella consiguió invitarlo sin problema, lo presentó con algunos investigadores y ella aprovecho para ir a presentarselo a sus amigos y a quien otrora fuese su amor platónico. (Nota del autor: en el más retorcido recuerdo de su ser, ella esperaba causar algun impacto en ese amor platónico, quién cabe mencionar, nunca la amo ni la vio más allá de una "amigo" de pedas).
En el camino, ella que siempre fue querida por sus compañeros de maestría iba saludando a las personas que iba viendo, hasta que en un momento ella sale corriendo a abrazar y casi colgarse del cuello de una persona enorme de estatura a quien llamó "niño" y entonces ella nunca olvidaría esa cara de asombro de él que la veía como tercera persona y no podía ocultar una sonrisa de agrado, aprobación y sobre todo admiración por alguien tan alegre como ella.
En aquella tarde de emoción por el reencuentro en persona después de seis años, ella también lo invitó a la oficina que comprartía con varios estudiantes, olvidó que en el calendario-organizador de su escritorio se encontraba un post-it que no podía esconder la emoción de que él fuera a visitarla, y aunque hizo todo lo posible para evitar que él los viera, fue imposible y durante otros años más la historia de ese (o esos) post-it se había mantenido en secreto. (Nota del autor: el secreto sí fue revelado años después). Pero mientras tanto, ella aunque con la esperanza de que no hubiesen sido vistos, era muy feliz de que él después de tantos años siguiera siendo tan bien parecido y sobre todo estuviera ahi, con ella donde ella estudiaba solo porque él quería conocer un equipo de RMN y quien diría que pasaría después...




continuará...

4 comentarios:

Lucerita Asíntota dijo...

El dibujito babeando es la onda... xD

Espero la continuación... Y hasta eso que me diste una idea, espero no te importe que también haga mi propia historia.

iKon dijo...

Adelante, adelante...
Libertad de expresión foreva.

Eduardo Cabreado dijo...

Ah esos amores inesperados son los que más huella dejan

Rodrigo C. dijo...

Y dale con el Ciqa!!
Te quiero Koni, te extraño y solo te vi dos días.
Estoy cansado, pero me alegra que tu seas feliz.
Cuidate koneja