12 de diciembre de 2023

¿Cómo decirlo?...

Pues que ya nada es igual... leo con nostalgia algunas de mis entradas a este blog cuando a mis veintitantos me permitía escribir tonterías como si esto no fuera "el internet". Y ahora, ya pasando los 40 años, siento que yo sola me hago una hiper-censura de todo lo que pienso o escribo porque como ya nada es igual, ahora estoy más consciente de mis opiniones, y también, porque ya soy una señora aburrida que nadie quiere escuchar y mucho menos leer.

Traigo cargando unos 10 años en los que de verdad me encantaría soltar todo el "agobio" aquí, escribir, despotricar, desahogarme, llorar mientras escribo, hablar mal, dar opiniones que nadie me pide, pedir ayuda, mandar a la chingada... y descansar el alma. Pero hoy solo me limitare a hablar de mi última experiencia con la que debería haber valorado más mi vida y que parece que hoy, después del trago amargo, pareciera que no hubo lecciones, y que me hace re-pensar que ya estoy hasta la madre de estar deprimida y no querer salir del hoyo.

Y resulta que el 3 de noviembre alcancé todavía la promoción del mes "rosa", le cacaraqueé a quien pude que iría a hacerme mi mastografía y US mamario, porque ese día quizás ya no regresaría al trabajo. No recordaba que teníamos puente del día de muertos, así que alguien me invitó a ir a un balneario, y le comenté que no podría porque tenía mi estudio, que era la primera vez y que "no fuera a ser que saliera todo mal", que estaba nerviosa y que prefería quedarme en casa.

 

- - TODO MAL - -
Entonces fui a hacerme mi estudio y en la primer imagen de rayos X, la técnica radiologa me dice que "ahi hay algo", y que la doctora me hará el ultrasonido con mayor detalle en esa zona. Y pues sí, ya no me soltaron. ¿El diagnóstico?, una lesión que clasificaron como BI-Rads4a. En ese mismo rato, me pasaron el teléfono de un oncólogo y para las 18:00h ya tenía programada una cirugía para la semana siguiente.


- - LA SEMANA - -
Cuando salí de la clínica donde me hice el estudio, el semblante de todas las trabajadoras y secretarias cambió, ya no me sonreían y yo me sentí muy mal -pensé que lloraría- pero sí, un poco con ojo Bambi, pagué y me fui de ahí. En la primer cuadra que vi desocupada me estacioné y lloré como niña chiquita cuando quiere a su mamá. Y le llamé por teléfono -contestó mi papá- y lloré más. Le pedí a mi madre que viniera a León el día de la cirugía porque necesitaba quien cuidara a mi hija.

En mi cita con el oncólogo, quise mostrar mi lado maduro, me contó como estaría el asunto y me dio opciones por si todo salía mal. Una mastectomía radical -le dije- y la cita para la cirugía quedó para el 10 de noviembre. Así que toda la semana me la pasé pensando si no me había pasado de "madurez" con mi elección. La realidad es que por mi elevado IMC no tengo SGMM, así que atenderme en un servicio particular no era una opción para una cirugía conservadora con una serie de tratamientos por radioterapia. Aun me quedaba la opción de las quimioterapias post-mastectomía por medio de mi seguro social que tengo por mi trabajo, pero que de igual manera, no sería algo tan sencillo, por cuestiones más que nada burocráticas y de falta de capacidad de las instituciones de salud. La vida no iba a ser nada fácil a partir de ahora.

Tuve momentos en que me derrumbé, lloré tanto como niña chiquita, me arrepentí de todos los errores que he comentido con mi cuerpo, con mi salud, con mi alimentación, con mi estado de ánimo, con mi trabajo y el estrés y tristeza que me he provocado por al menos 10 años. 

 Cuando alguien me llamaba por teléfono o a quien le contaba la situación, me veían fuerte y me comentaban que les daba tranquilidad verme fuerte, ¡¿era en serio?!, resulta que yo tenía que ser fuerte para ellos, porque sería muy incómodo tocar el tema si me encontraban derrotada, de igual manera evité comentárselo a mucha gente, prefería mantener mis emociones blindadas a enfrentarme con personas que desearan no tener que haber preguntado ¿cómo estoy?, por no tener qué decir. No los culpo, yo soy la reina de las frases más pendejas para los peores momentos.

Fue una semana muy difícil, baje como 6 kilos de pura tristeza en una semana y se me notaban sobre todo en la cara tan demacrada que me gané en tan solo una semana.


- - LA CIRUGÍA - -
Llegué a tiempo para que me pusieran un arpón que ayudará al cirujano a remover el nódulo, todo con anestesia, bendita anestesia. De ahí a esperar a que llegara la hora, se demoraron una hora más antes de que pudiera ingresar al quirófano, al entrar vi a mi ginecóloga como parte del equipo del oncólogo, y de nuevo sentí ganas de llorar, aunque no es una persona muy grande de edad, no se por qué la veo tan maternal conmigo, pero verla ahí, fue muy importante en ese momento en el que me sentía muy vulnerable. Me recosté en la plancha (o como se llame), y mi último recuerdo fue mucho dolor en el brazo porque me inyectaron algo frío, me quejé del dolor, ¡claro que esta frío!, estaba en el refrigerador -me respondieron- y ya no supe más.

 

- -  EL DESPERTAR - -
Fue como si me hubiera graduado, apenas abrí los ojos vi a varias personas que me felicitaban, entendía pero no entendía, estaba muy drogada todavía.


- - EL ALTA - -
Cuando llegué todo mundo me atendía muy bonito, me pusieron en una habitación grande, pero cuando desperté ya sin la resaca de la anestesia, me di cuenta que estaba en una especie de cubículo, casi en un pasillo, porque pasé de permanencia indefinida a procedimiento ambulatorio. Me informaron que en el transoperatorio el patólogo determinó que era benigno y me dijeron, en cuanto se pueda parar ya se puede ir.
No soy una persona que haya pasado por muchas cirugías, pero por lo general, al menos me quedo todo un día ahi en el hospital, pero esta vez, fui al baño, caminé y me despacharon. Vengo a ¿darme de alta? - le dije a la persona de la recepción-, y me pidio que le marcara al médico para ver cómo le pagaría, todo raro el asunto, pero al final una media hora después ya estaba camino a mi casa, con mucha hambre.


- - EL RESULTADO - -
Dos semanas después me entregaron el resultado de mi estudio, y sí dice muchas cosas que no entiendo pero al final, entre tanto texto, que "la cosa" era benigna.


- - LA PROMESA - -
Y pues, en ESA SEMANA, de llorar y sentirme mal, me hice a mi misma la promesa de que ya no iba a regresar a ese punto de donde partí el 3 de noviembre. Ya pasaron más de cuatro semanas, y no veo que empiece a cumplir mis promesas, así que, voy a dejar la lista de lo que ya debería empezar a hacer:
- Ir a terapia psicológica: aunque siempre me he resistido a ir por un tema muy pendejo. Lo cierto es que, ahora que tuve esa semana en la que me quebré por que decidí lidiar yo sola con mis emociones, pues resulta que me sentí muy sola, necesitaba un apapacho que nadie me dio, necesitaba que me abrazaran y no lo pedí, y si voy a seguir así, necesito que alguien me de herramientas para saber cómo lamerme las heridas yo sola y superar el miedo, porque tiendo a quedarme "ahí", en ese lugar de sentirme insegura y de que todo volverá a pasar en cualquier momento, perdiéndome la vida por estar en el trauma eterno.
- Hacer ejercicio: necesito empezar a moverme, ya no pido tanto, necesito una rutina que mi hueva no me haga decir "empiezo el lunes", neta que en este punto de mi vida, con que salga a caminar 30 minutos todos los días, sería un buen comienzo.
- Mejorar mi alimentación: he tenido malas experiencias con dietas, la que me prohibió hasta los chicles trident, la que casi me deja calva, la que me daba medicamentos derivado de anfe..., la que me dio redotex y orlistat, la que no me pasaba las recetas loluego y me dejaba en visto... De por si tengo poca fuerza de voluntad, necesito un buen equipo, y necesito agarrar la pinche puta onda.
- Cambiar mi trabajo: ya empezaba a agarrarle amor a la mala vida, y poco a poco me gané el respeto y mi espacio, pero ya no es sostenible. Necesito mi red de apoyo familiar, ya son 10 años fuera de casa y mis padres envejecen y también me pesa mucho.
- Ir al médico periódicamente: si bien esto sí lo hago, aveces lo voy espaciando mucho por desidia o miedo de recibir malas noticias. Pero con esto aprendí, que una mala noticia a tiempo, puede ser una buena noticia al final.
- Pensamientos sanos: Muchas veces mis pensamientos no representan lo que soy en la vida real, desde que soy niña he sido invadida por pensamientos intrusivos (ahora ya se cómo se llaman), y que aunque no me representan en mis acciones, cargar pensamientos raros o feos no ayudan porque toda la vida me estoy recriminando, como si de verdad pensara las cosas como algo planeado por mi misma... bueno, pues eso.

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Así que en resumen, tengo un nudo en la garganta desde hace semanas y que ya es necesario dejar de compadecerme, sacar los pies de la cama y ponerme a hacer algo.

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